En mi día a día, utilizo Adobe Firefly principalmente como una herramienta para procesos creativos dentro del diseño. A diferencia de otros chatbots basados en texto, mi interacción con esta IA es más visual y experimental: le doy instrucciones (prompts) y recibo imágenes, estilos o composiciones que luego puedo ajustar, reinterpretar o integrar en proyectos. La metáfora que mejor describe mi relación con Firefly es la de un co-creador visual. No se trata simplemente de una herramienta pasiva, sino de un sistema que propone resultados inesperados que influyen directamente en mis decisiones de diseño. En este sentido, la relación es de colaboración, porque hay un ida y vuelta constante entre lo que imagino, lo que escribo y lo que la IA genera. Sin embargo, también hay una dimensión de servicio, ya que Firefly responde a mis indicaciones y está subordinado a mis objetivos. Aun así, sus resultados no son totalmente predecibles, lo que introduce un componente interesante: la IA no solo ejecuta, sino que también sugiere y expande el proceso creativo. Esta relación híbrida evidencia cómo las IAs generativas, como Firefly, transforman el rol del diseñador. Más que crear desde cero, se trata de dirigir, curar y dialogar con la herramienta. Por eso, la metáfora de co-creador resulta más precisa que la de asistente: Firefly no solo ayuda, sino que participa activamente en la construcción visual de las ideas.