En 2026, en Londres, se dio a conocer un caso en el que múltiples cartas de queja dirigidas a las autoridades locales fueron utilizadas para intentar cerrar el club nocturno Heaven Nightclub. Estas denuncias aparentaban provenir de distintos vecinos afectados por ruido y alteraciones del orden público, lo que les daba una apariencia de legitimidad y respaldo comunitario. Sin embargo, tras una investigación, se descubrió que muchas de estas cartas no habían sido escritas por personas reales, sino generadas mediante herramientas de inteligencia artificial.
El contenido fue presentado en contextos administrativos y legales, lo que aumentó su credibilidad y potencial impacto, ya que buscaba influir directamente en decisiones institucionales. Este caso pone en evidencia una nueva forma de desinformación menos visible que los deepfakes visuales: el uso de IA para fabricar testimonios escritos que simulan participación ciudadana. A diferencia de otros contenidos engañosos que circulan en redes sociales, este tipo de estrategia apunta a manipular procesos formales, lo que representa un riesgo significativo para la toma de decisiones basada en información aparentemente legítima.
